Acerca de
Soy una persona que encuentra sentido en observar, sentir y acompañar. La psicología llegó a mi vida como una forma de comprender la diversidad humana desde sus matices emocionales, sociales y cognitivos, pero también como una herramienta para intervenir con sensibilidad, rigor y creatividad.
Mi formación académica me ha permitido consolidar un enfoque integrador, en el que la evaluación neuropsicológica, la intervención grupal y la adaptación educativa se articulan para generar espacios más accesibles y humanos. Lo que más disfruto es traducir lo técnico en lo significativo: transformar un informe en una historia comprensible, un diagnóstico en una oportunidad, una sesión en un puente.
Me apasiona trabajar con niñxs y adolescentes neurodivergentes, especialmente en contextos educativos. Creo en la potencia del juego, el cuerpo y el arte como lenguajes legítimos para explorar el mundo interior, y he desarrollado talleres que combinan herramientas de la psicología positiva, la neuroeducación y la danza como forma de conexión emocional.
Bailar, para mí, es más que una expresión artística: es una forma de presencia, de regulación y de encuentro. Esta vivencia personal se ha transformado también en recurso terapéutico, como medio para fomentar la autoestima, el vínculo grupal y la comunicación no verbal en quienes acompaño.
Además, he participado activamente en iniciativas de voluntariado que fortalecen mi sensibilidad social. Escuchar sin juicios, sostener sin imponer, acompañar sin urgencia: estos principios guían tanto mi forma de vincularme como mi mirada clínica.
Más allá de los manuales, lo que me mueve es la posibilidad de estar presente con otro ser humano en momentos de búsqueda, transición o dolor. Mi compromiso ético se nutre de la ciencia, pero también de la empatía, la corporalidad y la escucha cuidadosa de las historias que se me confían